La presa
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Carlos Lasierra :: 01 Ago 2005
Esta presa romana denominada por sus gentes como la “cuba”, es el comienzo y arranque de Almonacid. Constituye una parte del un gran complejo hidráulico que de forma continua y seguida ha sido utilizada hasta nuestros días.

El aspecto actual de la presa es la lógica evolución durante este largo período y de los distintos usos que de élla se han dado. La primitiva obra, oculta tras su aspecto actual, era una estructura esbelta formada por tres arcos apoyados en dos contrafuertes y en el terreno. Ya en época romana sufrió desperfectos, que fue necesario reparar. La primera reparación del aliviadero puede llevarnos a épocas de Claudio-Nerón. Una segunda llevó al engrosamiento de los muros como refuerzo en su cuerpo principal. De todas formas se han podido determinar cuatro fases de construcción. Además de las intervenciones de los ingenieros romanos, ya citadas, se conoce la alusión a la presa en tiempo del dominio musulmán en Al-Andalus por medio de Al-Udrí, que menciona la presa como obra de los antiguos. Y la última intervención correspondiente al siglo XVIII, cuando se restauró el ojo para el uso de aguas en batanes y molinos.


Una vez colmatado el vaso por la sedimentación y los aportes materiales del río, la presa dejó de funcionar como tal, pasándose a utilizar como azud. Este momento final de utilización como presa no se conoce exactamente, aunque se sabe que llegó hasta época de Trajano. Al estudiar el territorio que la rodea, los yacimientos del siglo III tienen una época dura, que renace en el siglo IV. Es entonces cuando quizás por la colmatación del vaso, y su conversión en mero azud, pudo influir en los asentamientos cercanos.

El acueducto que sale de la presa nos lleva hasta el Pueyo de Belchite, donde existe un poblado, todavía sin excavar totalmente, y con la presa se regaban cerca de 7.000 hectáreas. El canal que comienza excavado en piedra es una obra que demuestra el genio de los ingenieros romanos.

Nota: Datos obtenidos de “Arqueología de la presa de Almonacid” por José María Valdés.